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Subcomisión de Masonería y Ciencia

 



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Ciencia y Masonería

       Benjamin Franklin (1706-1790) (teorías sobre la electricidad)

       James Watt (1736- 1819) (mejoras a las máquinas de vapor)

       Edward Jenner (1749-1823) (descubridor de la vacuna de la viruela)

       Sir Alexander Fleming (1881-1955) (descubridor de la Penicilina G - premio Nobel)

       Sir Edward Victor Appleton (1892-1965) (estudios en la ionósfera - premio Nobel)

 

¿Qué tienen en común estas personas?, además de ser científicos que han contribuido a mejorar la vida de la humanidad. La respuesta es que todos ellos fueron masones. Ellos son sólo una pequeña muestra de todos los masones que se dedicaron, y dedican, a la ciencia.

 

Pero además del actuar de sus miembros, la Masonería, como institución y disciplina, por una u otra razón, siempre estuvo identificada con la ciencia, aún antes de que la ciencia existiera tal como la conocemos ahora.

 

En efecto, en la Edad Media los masones eran constructores, y si bien desconocían los principios físicos subyacentes a sus construcciones, sí conocían muy bien la técnica para aplicarlos. En esa época, al lado de un médico que recetaba sangrados y brebajes, teníamos un masón que conocía los secretos de cómo construir una catedral. El resultado de su trabajo no daba lugar para chapucerías ni falsedades, si su técnica no era verdadera, la construcción se caía. Aristóteles dijo que la única verdad es la realidad, y es quizás en la realidad de construcciones magníficas, que el masón comenzó a acostumbrarse a una verdad racional y comprobable.

 

Comenzado el Renacimiento, la Masonería inició una mutación pasando de ser un gremio de constructores a ser una institución de intelectuales. Ese cambio era ya definitivo en 1717, cuando se funda la Masonería Moderna, pero puede comenzar a verse en el siglo XVII con la aceptación de miembros no relacionados con la construcción (llamados masones aceptados).

 

 Es en ese siglo XVII en el cual la ciencia comienza a tomar impulso. En Inglaterra, en donde la masonería tendría una expansión notable, la comunidad científica estaba,  en buena parte, representada por la Royal Society of London for Improving Natural Knowledge, cuya fundación formal fue en 1662. 

 

Sir Robert Moray, uno de los primeros masones no constructores de los cuales se tiene certeza que pertenecían a la Masonería, fue uno de los 12 que en 1660 se reunió en Gresham College para sentar las bases de esta Royal Society.

 

Ya en el siglo XX, Karl Popper escribió que “A pesar de los fabulosos resultados que la ciencia nos ha dado, es para nosotros más importante caracterizar a la ciencia por su método que por esos resultados.” Algo así puede decir la Masonería. 

La Masonería se identifica con la ciencia no por la cantidad de científicos que hay y hubo en sus filas (como también, por otra parte, de cualquier otra disciplina humana)  sino por el método científico. 

 

El método científico va en búsqueda de la Verdad, sin hacer acepción de personas, en forma racional y desinteresada. Descarta dogmatismos y supersticiones, y confina sus investigaciones al mundo físico, dejando el ámbito de lo espiritual y emocional para la esfera de lo personal. Los principios y métodos de la Masonería hacen exactamente lo mismo, por eso el método científico es a la vez, al menos en parte, consecuencia y guía de nuestra Institución.

 

La Masonería Argentina hoy, no sólo forma sus miembros en la búsqueda de la Verdad por medio de la razón, sino que también apoya materialmente los esfuerzos científicos en el país, con el aporte de sus hombres y sus recursos, haciendo honor a su lema: “Ciencia,

Justicia, Trabajo”.

 

 

 

J.I.C.

   Maestro Masón

 






 

 


 




 

 

 

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